(mi) Ruta 40 - CAS
Monday, April 24, 2006, 04:36 PM
Esta es la Bambi desnuda.
No quiería molestar a nadie, así que no publiqué una foto porno: solo se trata de una foto erótica.
¿O es porno?



Las muchachas, especialmente en America del Sur, envejecen rápido. Es así que en Ushuaia los 19 de la Bambi se muestran todos: la bomba del agua chorra y el múltiple del escape entre el turbo y el motor, está cortado. En teoría se puede soldar, pero en Ushuaia no es fácil conseguir quien sabe hacerlo. Sin concesionarias Iveco, la Prefectura Naval Argentina se encarga de la Bambi. Tratan de prestarme una llanta.
Ellos también tienen una Turbodaily 4x4 y montan ruedas 7.50x16. Ojala tienen también las 9.00.
Parece que hay… No… vamos, puede ser que sí... ¡Pero no!
. … luego me indican quien puede soldar el múltiple. La soldadura fue carísima y un pañuelo de amianto atado con dos abrazaderas, puedo reanudar. La bomba de agua tiene que ser un repuesto original… raro.



Ushuaia, el fin del Mundo. Muy bien. Desde este abismo solo puedo volver a subir.
No en el sentido moral, donde, al revés, planeo de precipitar cuanto prima y eventualmente volver a subir cuando seré muuucho más viejo. Rolando Hanglin docet.
Entiendo “subir” en el sentido geográfico y climático.
Aguantaré el frío hasta San Martín de los Andes, nomás. Luego no quiero mas frío, ni en pedo. Deseo cerrar por siempre con bajas temperaturas y calefacción forzada.



Dejo a Ushuaia la fea, la mítica. Dejo a Ushuaia el sueño realizado, para enfrentar otro sueño. Recorrer la Ruta 40. Esta vez seré solo. Fanny y Marcelo desde El Calafate volverán a Mar del Plata. Inês y Fred viajan a otra velocidad.



A Rio Grande hay la Iveco. Pero es un día perdido, en busca del Sagrado Graal en un lugar donde el frío atrasa mis neuronas ya drogadas por el viaje maravilla a lo largo de ambos lados de la Cordillera. También Fred y su mítica Westfalia necesitan curas. El motor – nadie entiende porqué, aunque un porqué siempre está – escupa 1 litro de aceite cada 100 kilómetros



Vamos hacía Punta Arenas. Pasada la frontera de San Sebastián, tras de 148 kilómetros de ripio (lindo), a las 17 llegamos a Porvenir, pueblito tranqui y muy ordenado, asomado sobre una bahía angosta y rodeado por acantilados ventosos. A diferencia de las convicciones de Marcelo, que creía subir la balsa de inmediato, solo se podía realizar el cruce por el estrecho de Magallanes, a las 19 horas del día siguiente.



Francisco, amable empleado del único banco del pueblo, me invita al teatro. Es así que la misma noche que llegamos a Porvenir, lugar del cual la misma tarde ni conocía la existencia, me encuentro inmerso en la mágica atmósfera de la media luz entre Blanca Nieve y Caperucita Roja que interpretan una irónica parodia de la sociedad Chilena contemporánea. ¡Bravo!



Encontramos la preciosa Hostería Yendegaia que significa Bahía Profunda en idioma Yamani, los primeros habitantes navegantes de canoa. Mañana será el cumpleaños de Fred y podemos festejar comiendo delicatessen y brindando con un excelente Cabernet Chileno.



Ivan Pablo, el dueño que rescató esta casa que pertenecía a sus abuelos, nos acoge pocas semanas antes de dejar para alcanzar su mujer en Punta Arenas y reanudar los estudios en Ingeniería económica.



Ivan, además tiene un hermano que trabaja a la concesionaria Iveco de Punta Arenas y la misma noche de la llegada a Porvenir envió un fax con mi pedido de repuestos. No sirvió. El día después, Ivan nos lleva a volar. Y Marcelo regala a Fred el bautismo de vuelo en parapente. Gracias Ivan y mucha suerte!



En esta esquina de nuestro querido planeta dos elementos reinan sobre todos: los castores y el viento.
Los castores, en los declives de la Cordillera, tienen a disposición un montón de raíces frescas para mordisquear con esos hermosos dentones. Naturalmente no hay un partido o un movimiento político que se encarga de informar a los castores que esas raíces son pegadas a árboles vivos. Acá, como en los grandes parques del America del Norte, los bosques se presentan con los colores espectaculares del otoño por una mitad, y por otra mitad calaveras de árboles y troncos abatidos. Que no es por un incendio o una tormenta de relámpagos, sino por los graciosos roedores que lo pasan bárbaro construyendo represas y destruyendo bosques. Una plaga.



Antes de los castores, el viento es el verdadero rey de estas latitudes. Tanto que entre Punta Arenas y Puerto Natales, el hombre le ha dedicado un monumento.
Extraño. De Alejandra Ruddoff (que además es una mujer) yo esperaba que esta obra de arte podría moverse, o sonar, o por lo menos silbar. Ni en pedo. Cuatro enormes agujas de acero plantadas en la tierra. Lindo! Pero…



La balsa entre Porvenir y Punta Arenas para nosotros es un bingo. Inês nos ha enseñado un juego de cartas muy divertido. Las tres horas de navegación entre las imponentes olas del Estrecho de Magallanes, además estrechos los cinco en la Bambi, pasan en un relámpago,



Punta Arenas es una ciudad interesante y bien organizada. Acá hay la Zona Franca: un enorme centro comercial donde muchos Argentinos vienen para comprar electrónica casi a los mismos precios de Ciudad de l’Este. Yo compro 3 nuevas cubiertas 8.25x16 para enfrentar el viaje y la Ruta 40 con los recursos necesarios.



Trato de arreglar la bomba del agua y luego desisto. Imposible encontrarla. Al atardecer llegamos a Puerto Natales, que se parece a un pueblito Suizo, con el lago, las montañas y las cabañas alpinas….y una muy original mano en cemento que sale de la tierra… lástima que hay otra en Punta de l’Este, Uruguay. ¿Quien copió?



A los 10 kilómetros de la frontera, los Chilenos no quieren que salgamos: no existe ni un cartel por Argentina. La frontera se llama Dorotea y mi mente vuela de inmediato al Mago de Oz, en este lugar impersonal que ya es conocido, en estas distancias enormes que estoy logrando juntar, en esta mágica atmósfera que cada día me muestra un diferente paisaje.



Así, cruzada la frontera otra vez me encuentro al las 20 de la noche (cruzar la frontera también significa adelantar el minutero de una hora) al comienzo de la mítica Ruta 40. Terminará en Abra Pampa, 4000 kilómetros más al norte. Yo voy a recorrer los primeros 1000, todos en la provincia de Santa Cruz.
Enfrento de noche los primeros 200 kilómetros de los cuales 80 son ripio. Entre los repetidos desvíos por las obras, viajar es realmente peligroso.
La foto del comienzo de la 40 es imperativa. También detenerse a mitad del camino para contemplar las estrellas que casi las puedes tocar y los meteoritos que nos festejan. ¿Quien los avisó que vamos a pasar por acá?



En El Calafate, etapa obligada a lo largo de la Ruta 40, me despido de Fanny y Marcelo. También no puedo reanudar el viaje hasta que no llega una nueva bomba de agua. Y una de repuesto: si en America el pedazo no existe, mejor estar listo… Quiero viajar mucho tiempo en compaña de mi bellísima Bambi, llamativa y envidiada.



Las personas se paran mirándola, me preguntan como y donde, y se sacan fotografías a lado de mi bicho. Ella es la verdadera protagonista de este viaje. Son todos felicitaciones, por la Bambi: que hermosa!… que bonita!
Casi me pongo celos.
Hasta hoy ni siquiera una muchacha (pero que digo una chica… ¡una persona cualquiera!) se paró para decirme que tan hermoso soy yo… que persona interesante
Me parece justo: yo no soy una persona interesante.



Yo conozco a una persona interesante. Que se está matando de trabajo. Y lo lamento porqué lo quiero mucho. Espero verlo otra vez. Vivo, entiendo.
Estoy pasando esta despejada aventura con una nube en el corazón.



Bueno, yo no soy interesante.
Pero a parte mi caso, de esas cosas no se habla con los desconocidos. ¿Y por qué?
¿En la vida no tenemos que relacionarnos con desconocidos? ¿No tenemos que confiar en los otros? ¿Y el amor? ¿Qué es, si no enamorarse de desconocidos?



Disculpa, pero ya tengo que decirlo: estoy feliz.
Pero, sabiendo que un día todo esto se acabará, no quisiera perder la oportunidad de expresarlo.
Y en esta tierra distante, saber que de Italia llegan solo peleas electorales y acusas post electorales, no me hace arrepentir de mi elección.
Para decirlo todo, no sé que me hace más feliz: el estar aquí o el no estar allá.



En El Calafate vuelvo a encontrar Mariano e Inês y Fred, y conozco a Dani, Juan Carlos, Milton, Guillermo, Rodrigo, Marianela e Ivette.
En barco, voy al glaciar del Uppsala. Es un día bonito y algunas fotos son preciosas. Espectáculo extremo. Joyas sin precio, relucientes en las aguas álgidas. Y dos catamaranes turísticos, agotados todos los días.
Al lago Oneli la gente desembarca para dar una vuelta en el bosque Patagónico.



Este es mi primer momento de perfecta contemplación tras la noche pasada al sur de Ushuaia. Árboles seculares, el lago lleno de pequeños iceberg azules, el cielo limpio, el oxigeno que se parece ozono, un cóndor solitario, y cincos – puede ser siete – glaciares que colgados a las montañas tratan alcanzar al agua.



Me caigo dormido sin creer que todo esto pertenece a la realidad y no al sueño. Más: a un cuento. Una leyenda de rocas durmientes y de barcos vikingos que cruzan piragua de duendes mientras que un caballero audaz, tras haber derrotado al demonio de la montaña y haber liberado el señor de los hielos, vuelve el pueblo feliz y se casa con la bella del día.
Raro que al despertar estoy todavía acá. En America, en Patagonia: ¡se trata de mi vida y casi no logro a creerlo!



Bueno, no es toda magia: los turistas que andan conmigo en el catamarán, hablan de las boludeces más grande del mundo.
Sin hablar del precio que – como en Valdés – es de 10 pesos por los Argentinos, y triplica por los extranjeros. Ministerio y Hacienda del Turismo Detestables.
Me imagino entrar en heladería y pagar 15 el mismo cono que un Argentino paga 5, o pagar el triple la gasolina o que se yo…. yo lo llamo racismo. De ratería, puede ser.
Espero que eso en Europa no vaya a pasar nunca.



Las favorables condiciones del tiempo, me permiten volar con Mariano, a Calafate y al lago Roca…. que significa otra vez volar en frente a la Cordillera Andina, y Perito Moreno por un lado y por otro lado las Torres del Paine. ¡Solo en El Calafate, saben que e logra a mirarlas desde allí!



Tan cerca, y sin embargo no conectados entre ellos. ¡Que locura no crear un único complejo turístico! Chile y Argentina…. Peru y Uruguay, y todos los otros…probablemente si invertirían la mitad de lo que gastan para mantener las fronteras, podrían fácilmente trasladar aquí todo el turismo planetario. Ni hablar de que podría pasar con una moneda única: un único idioma ya lo tienen, mientras que la pobre Constitución de la Unión Europea está escrita en 20 idiomas distintos.
Pocas cifras…. El glaciar Perito Moreno es enorme: 180 metros de alto, de los cuales 120 están sumergidos en el Lago Argentino. Con una superficie de 250 km2, es más vasto de Buenos Aires, o Paris (Roma y New York son mucho más extensas).
El Lago Argentino, El Lago Viedma hasta casi el Lago Buenos Aires, mas al norte, limitan la placa de hielo continental, a lo largo de la frontera con Chile, que es la reserva de agua mas grande tras los dos polos.



Saludos a Mariano, (¡¡¡gracias loco!!!) Alejandra y el buen Juan Carlos para agarrar la Ruta 40.
Lo hago otra vez por la noche y juro sobre las patas de la Bambi que será la última.
Los 200 kilómetros hasta el Chaltén son nuevo y impecable asfalto, alternado al ripio mas jodido e hijo de re contrapu que encontré. Mas que una veces pensé de volverme. En fin llego al Chaltén a las 23 en la cervecería artesanal de Blanca, donde estoy comiendo un exquisito y re caliente Locro.
El Chaltén es un pueblito de 250 cristianos y con 19 años de edad (la misma de la Bambi) y ya es una meca del trekking mundial



El Chaltén en antiguo tehuelche indica la montaña humeante – ¿quien sabe porqué? - en realidad renombrada Fitz Roy, es una cumbre aguda y imponente, orgullo de Argentinos y Chilenos, que, como costumbre, se pelearon hasta el 1995 para su posesión. Pero los pioneros de la zona fueron los Alpinistas Italianos y, entre ellos, De Agostini y Cesare Maestri, que dicen algo también a los menos expertos. Y pasaron también 3 franceses entre los cuales el viejo Poincenot que allí, descansa por siempre.



¡Los Tanos! Siempre en la búsqueda de algo sin gloria, solamente el recuerdo.
¿Y yo? ¿Que hago en este remolino de polvo cubierto de hoteles vacíos (a Pascua se acaba la temporada) donde todos me aseguran que las calles serán asfaltadas en dos años?
La mañana siguiente, al despertar, la sorpresa: una llanta se pinchó.



Suerte que Nelson me ayuda y justo en su taller encuentro a Carolina Codó que está soplando aire en el filtro de aire de su auto. El universalmente reconocido jefe del Chaltén.
Conozco a Anabela, y su fábrica de chocolate. Luego conozco a Viviana y Mauricio.
El regalo que mas agradezco está en el Hostel Rancho Grande: se llama Julia.
Julia me invita a caminar hasta el Lago Torres. Donde faltaba justo un tano pelotudo, para descubrir una nueva cumbre: el grandioso monte Julia, que fui el primero a escalar.



¿Que hago? ¿Entrego la foto a Tinelli?
El día es enriquecido por los muchos arcos iris que se van formando en el trayecto. El pequeño glaciar baja desde una de las montañas a lado del Fitz Roy y el viento sopla a los 89.3 kilómetros horarios (!!).



Julia, londinense de Abbey Road, lleva otras metas en mente y otros amores en el corazón. Se va por Chile a las Torres del Paine, que nunca miraré de cerca.
Ha sido un profundo placer caminar y charlar con ella.



La mañana después, reanudo, cómplice un día peronista y en 4 horas recorro los 150 kilómetros hasta Tres Lagos. Mis ojos y el chip de mi Panasonic FZ20 se llenan de belleza.



En Tres Lagos soy huésped de Teresa y de su nieto Eduardo en su Restaurante donde cenamos, charlamos y toco la guitarra.



Cada persona vive su pequeña aventura y la Ruta 40, hoy, 20 Abril, fecha funesta por la humanidad, será el cuarto gran sueño de mi vida, realizado.
(Mi) Ruta 40 continúa con las 3 empanadas de Estella, en la estación YPF de Tres Lagos. Una delicia a 1 peso cada una. Llenas de carne, uva pasa, huevos y cebolla. Mi desayuno, mi almuerzo, y mi sensación de vivir mi sueño agridulce.



Entre Tres Lagos y Bajo Caracoles están 340 kilómetros de nada, a excepción de 3 estancias que ofrecen comida y hospedaje. Pero una falla mecánica o una pinchadura, acá, serían una mala suerte de la contra repu.
Somos en otoño, hay sol brillante, y sin embargo el viento sopla a los 50-60 kilómetros horarios, y está helado.
Suerte que la Bambi anda bárbaro. Mas, está contenta. La Ruta 40 también por ella, es un objetivo logrado.
Juntos, estamos recorriendo el MBA de las carreteras. Largos tratos de un camino todavía con piedras, inmersa en una estepa inmensa y desierta.



Es increíble como 5 kilómetros horarios de diferencia, significan la diferencia entre viajar en seguridad y seguramente morir. Las huellas de la Ruta 40 son re jodidas de tomar, y una distracción, significaría volcarse.
Manejo despacio, y por la primera vez me parezco un viajero profesional. Hasta incluso miré la imagen satelital del tiempo, ante de salir.
Manejo despacio: a los 70 kilómetros horarios, alcanzaré Bajo Caracoles en 6 horas, calculando las paradas, y – ojala (palabra que viene del árabe: si Allah quisiera) – sin tanquear el gasoil de reserva.
Ya debería abrir una paréntesis técnica para explicar. No lo hago. Si fueras interesado….bueno, ¿conoces mi e-mail, no?



La ruta está jodida, y mas o meno cada 10 kilómetros hay un guardaganado a lo largo de la carretera, o sea un cacharro seguramente poco adecuado para el pasaje de las autos, y encima el más hijo de… peligro por quien maneja. Después de 5 horas de viaje, quedo sorprendido por uno de esos, y solamente un destino desconocido (¿el señor Allah?), me quiere acá a contarlo.



Sin embargo alcanzo Bajo Caracoles sin paradas ni accidentes....Spread your wings before they fall apart...
Y desde allí, audaz, a las cinco de la tarde enfrento los últimos 130 kilómetros de ripio hasta Perito Moreno, donde la Ruta 40 se convierte en asfalto.
Tendría que arrepentirme por no haber visitado la Cueva de las manos, un sitio arqueológico con pinturas rupestres, testigos de la presencia humana hace 10.000 años y declarada Patrimonio culturar de la humanidad por la Unesco, en el 1999.



No me arrepiento, seguro, porqué esos son los kilómetros de la Ruta 40 más sublimes y mas arduos a describir, en los colores quemados del atardecer y los horizontes con mesetas, cañadones y valles, que llenan mi corazón (y también el chip de mi foto camera) de las imágenes mas preciosas.



Percibo ser uno de los últimos al mundo a recorrer la Ruta 40 en estas aventureras condiciones. Me perdí Gandhi en los años 40, Cuba en los años 50, Liverpool en los 60, la California de los 70, la Berlin de los ochenta y New York durante los 90.
No estoy perdiendo la Argentina de los años dos mil. Que no existirá más en la próxima década.
Será más rica. Y llena de turistas que hablan de las boludeces más grandes del mundo.
A las 19, la 40 me saluda con un atardecer impagable, que yo, torpe, trato de honrar con mis fotos.
Gracias a la Bambi alcancé mi sueño y logré hacerlo de una manera perfecta.



NOTA CASITECNICA
Por primera vez, no me sentí a gusto como fotógrafo. Esos paisajes son demasiado lejos o demasiado amplios, y necesitarían de uno zoom más potente y de un grande angular más ancho, para ser bien reproducidos.
Pues, si esta página no es bastante descriptiva, believe me: el mérito es todo de la Ruta 40.




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