Onda Porteña - CAS
Friday, January 13, 2006, 05:21 PM
No queda que escribir.
Mientras que Venecia, en su distancia máxima respecto al escritor, se divierte en Florencia, yo finalmente deseo enamorarme una vez más.
Por lo tanto, ¿hay lugar en el mundo más idóneo que Buenos Aires, donde la pasé re bien por tres meses, desde Abril hasta Junio?
Es un riesgo, porqué Diego, mi primo virtual de Argentina, en un momento de lucidez, que se da cada vez con menos frecuencia, me ha transmitido esta mentirosa verdad: nunca volver a un lugar donde has sido feliz.
Entonces estábamos en Tucumán y recién habíamos conocido Steffy y Karen.
Y pensábamos encontrarlas otra vez en el mismo café, mientras que esta vez ya no estaban.



Buenos Aires me acogió, me ha hecho feliz, y tenía deseos de serlo nuevamente.
¡Y más aún!
En serio, soy feliz. Estoy haciendo lo que quiero hacer. Estoy satisfecho y orgulloso de mi elección. Soy enormemente afortunado. Una suerte de puta madre, para ser diplomático
Una aventura, una vida increíiiible, diría el buen Tinelli .......¡la mía !!!
Manejaba rápido la Bambi por las suaves carreteras Uruguayas, para volver pronto en la megalópolis Reina del Plata, listo para enamorarme.
Sabiendo - como todos - de poder dar mucho. Pidiendo demasiado, tal vez.



Vulevo a Buenos Aires seguramente contento de pasar mi primer Año Nuevo, en el calor del verano
Vuelvo a Buenos Aires por la emoción y las ganas de ver otra vez a mis amigos: escuchar a Simonetta que habla como una ametralladora, tomar sol en la terraza de Miguel, o pasar otras noches en algún barrio desconocido en compañía de Diego.
Pero de verdad en verdad, hace 2500 años Eraclito se incomodó para enseñarnos que nada es permanente salvo el cambio.
Y es así, que recibo esta vez a Buenos Aires: todo está cambiado. Cambió la gente que conocía. Yo mismo he cambiado. En la estupenda ciudad también el clima ha cambiado, y ya es mi ideal. De día, arriba de los 25º Celsius y de noche entre 54º y 66º Farhrenheit.



Le donne vanno e vengono nelle case di Buenos Aires.... voy tarareando esta vieja cancioncita mientras que exploro los barrios de la ciudad que todavía no conocía: Caballito, Belgrano, Puerto Madero, Devoto….Porto Marisco. La Buenos Aires más rica. Quizás mas Europea y menos exótica, pero con esa fascinación femenina que (¿solamente?) las muchachas de Buenos Aires saben ofrecer. Señoritas simples y seguramente conformistas en muchos aspectos, como rígido pedido de la tradición católica. Pero con la actitud, hoy rara en Europa, de dulzura mezclada con curiosidad sin miedo.
Esto no pasa solamente por la educación. Es esta una sociedad joven, menos infestada de chorros, impostores y criminales a comparación de Europa. Con todos los problemas políticos-económicos que quieres, pero sin la crueldad, el terrorismo y el miedo que he vivido en el viejo continente.
Sobretodo, diferentemente de Europa, acá no hay recelo con el extranjero. Y esto juega muchísimo a mi favor: los Italianos fascinan absolutamente a las Argentinas.
Si fuera joven y hermoso, la población habría crecido del 20% en los últimos meses.



Y no hablo solamente de la Capital Federal, hablo también de la Gran Buenos Aires... desde Quilmes hasta Berasategui, de Palomar a Merlo, de San Miguel a San Fernando, donde maravillosas minas me buscan y quieren más de lo que puedo ofrecer.



Con Charlotte, Simonetta y Miguel vamos a la primera Parada del Orgullo Gay de Argentina, desde Plaza de Mayo al Congreso.
Acá busco Alejandra Manuela y sus preciosas amigas Estefania y Mire.
Manuela es viva, intensa, llena de goce y de piel perfumada.
Juega (bien) conmigo y de ella me quedará el tiempo que no fue nuestro.
El amor es una mirada despierta entre millones de miradas dormidas. Te gustaría pararte y mirarlo por el resto de la vida. Pero a menudo, él ya está mirando en otra dirección.



De verdad, entre un cine en compañía (The Rocky Horror Picture Show, al Malba) un teatro y algunas galerías del arte, sólo, por tres semanas paso la mayor parte del tiempo en Quilmes, en el taller de Claudio, donde Silvio del Ivecam, me aconsejó llevar a la Bambi. El buen Raul de San Telmo no podría hacerlo... La Bambi ha estado por días sin patas, en el gran galpón de Claudio. Trabajo, voy y vengo en Taxi, cansado y preocupado por la Bambi.



Mis amigos.
Simonetta trabaja a full las 26 horas. De toda la ayuda que deseaba darle para su nuevo departamento tengo éxito (solo) conectando su notebook a la excelente red inalámbrica que descubro en su casa. La veo feliz y eso me gusta, pero frecuentarla significaría también renunciar a mi salud, porque fuma como una condenada.
Y - primero - la salud….



Miguel debe solucionar algunos desagradables problemas de trabajo en el Spa y tampoco tiene ganas de festejar su cumpleaños. Hablamos poco y nos vemos todavía menos. ¡Que lástima! Ojala recuperemos el tiempo, en Marzo. Sí, porque he decidido que deseo volver a Buenos Aires una tercera vez. Cuando la Bambi esté lista, bajaré hasta la costa Argentina donde pararé por 2 semanas. Quiero playa y sol y mar, para cargar las baterías antes de hacer frente al recorrido al Sur.
Deseo llegar hasta Ushuahia por la Ruta 3, luego volver hasta Mendoza recorriendo la mítica Ruta 40. Renuncio cruzar a la Antártida. Una elección de vida.



Charlotte, que vive temporalmente en casa de Miguel, es una muchacha excepcional: cumple 20 años en estos días y por él deseo de verla sonreír le regalo un pasacalle de feliz cumpleaños. Aprecia mucho. Es dulce e inteligente. Ella es una niña que se presenta seriamente y es indudablemente mucho más despierta que muchos.
Pero a los 20 años, pocas personas tienen una mentalidad tan abierta, incluso los Franceses. Así que mi deseo de verla transgredir (un toque, pero sin mi) tropieza en las estructuras de su buena educación. Tanto, que la magnífica relación se desgasta un poco.
Si piensas que he exagerado como suelo hacerlo, te equivocas: pasado mis 75, me he convertido en un maldito gentleman, con las muchachas.



Diego es la persona que más frecuento en los primeros 15 días. Planeamos de viajar juntos al Sur, durante sus vacaciones de verano.
Me invita a docenas de lugares para conocer gente. Claro. Aunque con Diego participo a fiestas y encuentros que me aburren. En compañía de Diego, persona superficial y revoltoso al límite del Parkinson, logro conocer a las personas solo superficialmente.
El no se permite relaciones en serio. Tampoco conmigo.
Por su onda re contra machista, enfermedad tan común que se parece una epidemia, es un chico interesante. Aunque si no superas los 15 días.



Con Diego voy a la Salada donde hay una feria “boliviana” en Buenos Aires.
Desde el puente de la Noria, a lo largo del Riachiuelo, el popular río de la ciudad, cada mañana de lunes y jueves, desde las 2, todo el mercado trucho de Argentina revive en un espacio inmenso. Cd y Dvd copiados, Lacoste con el cocodrilo que llora, Adidas con cuatro tiras, Nike con la extremidad alargada.... Todo lo que se ve, es trucho. Pero no está hecho en China. Sino acá, en el País: por los Bolivianos.
Todo manejado por el jefe local que le da miedo al gobierno y a la policía. A la sombra de grandes carteles que imponen respeto a la ley.



La feria está, sino que legalmente no existe.
En fin, nada distinto de lo que pasa en Napoli. Solo que acá, a los 8 de la mañana, todo desaparece y miles de personas se disuelven como por encanto.
La Salada oficialmente no existe. De hecho, desde las 9 de cada día, es así.



Juntos, Diego y yo, vamos a recibir a Gabriela, la Cordoooobesa de regreso de Rio Cuarto. Ella tiene los ojos tristes. Acaba de fallecer su madre. Ella merecería cercanía y amor. Ella merecería diversión y serenidad. Diego, grosero, rechaza la tarea. De hecho, Diego me pide le saque a Gabriela de encima, porque no quiere estar de novio con nadie.



También el licuado de banana, en dosis abundantes pega mal. Ni hablar de la marijuana. Que pero no afecta el estomago, sino el cerebro que serviría para comprender si estás bien o mal. Así que al fumado todo le parece lindo, sin poder darse cuenta de la realidad.



Con él, en estos días, estoy viviendo solamente lo peor. En su mente no hay más espacio para otra cosa que no sea una mina, aunque solo para una relación física. Pero para él, todo anda bien, y tal vez sea yo quien no lo está ..claro que pasa algo: no quería permitirme el lujo de perder a un amigo.
Pobrecito. Pronto sabrá que no tengo ninguna intención de viajar a la Patagonia llevando al lado un peligro público.
Sin embargo ganó el. Porque todo lo que pagué para Diego, se transformó en un regalo.
Yo adoro regalar. Pero tengo una linda aversión cuando soy cagado. Pues desaparezco y me olvido. Ay está. Claro que, para desaparecer, no me gana nadie.



Gabriela es una persona amable. Abierta y alegre. Dulce y atractiva. Intento pasarla bien con ella ante todo en nombre de la amistad por Diego, y luego por la alegría de vivir al lado de una mina que su única tarea en la vida es ayudar a los otros, mientras que ella es totalmente incapaz de ayudarse a si misma.
Juntos nos divertimos: vamos al (famoso) Tigre. La primera vez tomando un barco para mirar las casas que en un tiempo eran de los pescadores, y que hoy se convierten en quintas.
La segunda vez al Parque de la Costa, para lanzarme con ella en el Vértigo Extremo, y "sentir el vacío". El vacío da miedo, pero quien aguanta el vacío gana el miedo.

]

Gracias a ella visito el Borda, el hospital de los locos. Era un sábado de tormenta: en el jardín entre dos árboles que reparan poco, transmiten el programa radiofónico hecho por ellos mismos: La Colifata. Mojada y terapéutica como una chica linda, tan famosa que un canal televisivo llegado hoy de Alemania, está filmando y documentando todo, aún bajo la lluvia.



Con Gabriela hablamos de todo: como una hermosa amistad exige. Y sé de ella, más que muchas personas que creen conocerla de mucho tiempo.
Está enamorada y desesperada. Es sincera y traicionada. Se nutre de tristeza, cambiándola por su felicidad. Es una persona hermosa. Pero tan vulnerable por su inseguridad que no le permite confiar en si misma. Yo no puedo ayudarla en eso.
Por la Navidad vuelve a Río Cuarto, mientras que yo vuelvo a respirar serenidad.



Sin embargo, gracias a Gabriela, la lista de personas que conozco se alarga exponencialmente. La novedad es que son todas personas re lindas!!
Sebastián, que encontraré en San Martín de los Andes, Sergio y Norma.
Personas que querían dar, más de lo que tienen.
Luly y Zeus: dos amores que entre ellos no suman los16 años, y te provocan el deseo de ser padre.



Entonces encuentro Carlos, psicólogo y atleta, que en estos días se ha casado con Laura. Entre las muchas invitaciones que recibí para celebrar la Navidad, acepté la suya: es acá que conozco a Cristian, su hermano ingeniero, a su mujer y a sus tres niños super listos. Conozco también Adolfo, el padre. Un gran viejo prusiano que se siente niño y que lleva siempre dentro (alegremente, supongo) todos los pequeños problemas de un adolescente.



Pero sobretodo conozco a Carolina, socia de Carlos.
Y a través de Carolina conozco a las personas más sonrientes de Argentina: la mejor buena onda porteña.



Lorena y Sebastián: la belleza (italiana) y la simpatía (Argentina) que forman la pareja prácticamente perfecta. Si existiera la Competencia Mundial De La Pareja Más Linda, ellos ganarían sin dudas.
Sebastián es un (ex) colega: de hecho trabaja en un compañía software pero evidentemente el está mas contento que yo, por esto. Lo felicito. En este viaje encontré muy pocas personas mas contentas que yo.
Lorena ahora esta girando por Europa. Si ustedes tuvieran la suerte de encontrarla, también estarían contentos.



Nacha es una princesa. Juro que la próxima vez me enamoro de ella.
Tiene la sonrisa que cada hombre sano de mente desea. Un cuerpo gentil, aunque esté vestida de cualquier forma. Especialmente de bailarina de Flamenco, escuela de Tenerife.
Nacha la hermosa, Nacha la dulce, con una pizca de melancolía en la mirada. Inconfundible.
Solo después de un rato, entendí: es la sonrisa de un experto gráfico. Que desea estudiar grafología.



Recién conocí a Carolina y – equivocándome, cierto - me borro de su principesca lista.
Me acuerdo que en esta vida estoy viajando con un cupido tatuado en el hombro, y, por lo tanto - en la onda de volver feliz al planeta, pero bastante torpe – intento sacar la melancolía de su sonrisa. Le presento a Marcelo. 31 de diciembre 1964: el mismo día, mes y año de Simonetta. Ambos arquitectos en Buenos Aires. Ambos un poco tristes y muy inquietos.
El, trabaja entre Buenos Aires y Jesi. Habla Italiano mucho, pero muuucho peor de lo que yo hablo Castellano. Y así te cagué.



Quizás su 2005 no ha sido una maravilla. Pero él es una maravilla. No hermoso, sino brillante. No delgado, sino enérgico. No pesado, sino un genio. No amante, pero amable. Me imagino que Nacha pueda ver todo esto en El. Tal vez, un día, analizando su grafía.



Verónica, como su amiga Carolina, es una deliciosa portuaria. Juntas, forman un perfecto equipo de trabajadores pesados. Pero, emulas de Jim Thorpe, se divierten más destruyéndose en disciplinas como el Triatlón, la maratón, o levantando pesos, o cortando enormes robles con la sierra circular.
Las invito al restaurante japonés, pero Verónica no tiene una gran experiencia con el pescado crudo. Espero que no se entienda mucho el juego de palabras. Pienso que cuando uno se destruye con el deporte, de hecho actividad excelente, quedan solo migajas para el sexo.



En realidad Verónica es una persona muy suave, lamentablemente con un trabajo un tanto pesado.
Es una grande amiga de Carolina. Ambas están construyendo su casa nueva y ambas me abandonan por un pueblito Chileno que lo parió, en lugar de pasar las Fiestas conmigo. Sintomático.



Claudio, el mecánico de Quilmes, me invita a la despedida de fin de año. Por primera vez participo en un verdadero Asado Argentino hecho en casa. En realidad estoy en su galpón-taller entre unas cien personas: con todos los compañeros de su entorno de trabajo. Cien hombres y ni una mujer (¿puede pasar esto en Italia?). Con cien botellas de vino, cien cervezas y cien Fernet Branca (y esto seguramente en Italia no pasa).



Además hay un grupo folklórico que toca toda la noche. Después de quintales de Vacío y de Chorizo y de ensalada, a lado de la larga mesa se presentan dos ovejas. Vivas. Que me ruegan comerlas. Devoro una pata de la más simpática y pienso que tendré un ataque de hígado, a la mañana siguiente. Pero no pasa nada. Todo simplemente perfecto. A las 5 de la madrugada los primeros se levantan de la mesa... bueno…. se levantan suena demasiado... tratan de salir, ¡mejor!
Ha sido una noche barbara. Gracias Claudio.



Por encima de esta maravilla de conocimientos, me encuentro en los últimos días del 2005 con una rodilla al límite de la tolerancia. El 29 es el cumpleaños del Doc, mi primo cirujano. Con la patética excusa de desearle Feliz Cumpleaños, trato de llamarlo por teléfono para pedirle ayuda. Pero hoy el se encuentra en Laponia con su hija.
El Hombre invisible. Quizás el único que pueda competir conmigo, en el tema de desaparecer.
También si no me queda más tiempo en Buenos Aires, hago una resonancia magnética (tiempo de espera 1 hora y media) y las placas. Ojala que voy a encontrar al Doc mientras que está fumando un puro Cubano, admirando aburrido el Perito Moreno.
Casi no logro más caminar: en promedio, después de cincuenta metros, algo cerca de la rótula comienza a martillar clavitos de acero en la carne.
Cuando vuelva a Buenos Aires sé que me espera una intervención.



Carolina, una de las muchas, me regala felicidad. Sin que ella lo desee, pero es inevitable.
No queda que escribir.
Vuelve a los lugares donde has sido feliz: arriesgas serlo aún más todavía.