La Cruzada - I parte CAS
Tuesday, November 22, 2005, 07:03 PM
VERSIONE ITALIANA

Mis amigos de Italia fabrican hijos y yo, ya no hijo, y por el momento no padre aún, tengo que inventar algo a la altura. Volver a Venecia con el corazón en la mano y ofrecérselo a una chica cualquiera es una oportunidad interesante. Aunque imagino que la mina ya sabe como pasarla bien. Pero la idea de cruzar al continente americano del Océano Pacifico hasta el Atlántico, se gestó durante mucho tiempo en mis neuronas y entre las tuberías calientes de la Bambi. Por lo tanto, a pesar de las razones del corazón, decido seguir una vez más a este cerebro loco.



El plan se desarrolló en Lima, durante las maravillosas tres semanas en las cuales era anfitrión de Nuccia.
Lamento salir de ella y de su oasis italiano, pero un verdadero viajero tiene que enfrentar con sonrisa y ojo despierto su camino.



En Lima no dejo solo Nuccia y Giuliana y la Nutella (de la cuál en verdad afano 50.000 vasos en un supermercado para mis amigos en Buenos Aires). Dejo también amigas que me han divertido, atendido y llenado de comida, en los días de la Bambi en el mecánico. ¡Muchachas dulces y encantadoras, no es fácil separarse!



En Lima en invierno está siempre nublado, y gracias al taxista que viaja siempre con las ventanas abiertas, me ha agarré una refriáda que no desearía que me pasara de nuevo.
Al contrario, en Nasca, 500 kilómetros más al sur, el sol brilla todo el año.
Lima es la primera de las 5 capitales de esta cruzada. El recorrido a estas latitudes es invernal: los seis meses de frío tropical acabarán cuando ya esté en Buenos Aires con Diego, Miguel y Simonetta. Por lo tanto sé que enfrentaré días re calientes y noches heladas, o lluvia húmeda y frío seco.
Pero sobretodo tendré que cruzar el Chaco Paraguayo y chocar frente a lo desconocido del país, al que todo el mundo le tiene miedo. También Yo.



Tarea que sería mejor afrontar en compañía. Así descubro que Giancarlo, el mozo/bombero Nasqueño tiene su familia en Buenos Aires y la idea de viajar le encanta. Es mi hombre! En realidad es poco más que un muchacho, pero la cabeza y las capacidades manuales son las de un adulto. Así que desde Nasca, la Bambi acogerá a dos personas.
Saludos a Olivia y Wasipunko, y con Giancarlo, reanudo la Cruzada.



En una mañana de sol, desde Nasca vamos hacia Abancay, y llegamos a destino en la región sudeste del Peru donde el panorama se transforma: el desierto desaparece y el paisaje ya recuerda el Veneto, entre Feltre y Belluno, al termino de Agosto, solo 3000 metros mas arriba. Lo que hasta ahora era caracterizado de enormes distancias, ya se vuelve angosto. Las montañas están cerca, los valles profundos, los bosques verdes y las nubes son los grandes cúmulos blancos como cuando era niño: evidentemente importados desde Europa.



Abancay, definitivamente feucha, tiene un supremacía envidiable: es la ciudad más cara del Peru.
Abancay es la puerta para la región de Cuzco, y del recién descubierto Camino del Inca, con las antiguas ruinas. Machu Picchu es frecuentado por miles de japoneses; hecho que todavía mas no vale la pena y el costo, porqué aquí los Peruanos martillan los precios como un herrero sobre un yunque.
Por otra parte un árbol ha caído hoy en Ollantatambo y no se puede proseguir con el coche. Preferiríamos conocer el Choquequiraw (ciokekirau) o Sacsayhuaman (es pronunciado como sexy woman), pero llueve mucho y decido continuar. Visito solo Pisac que es bastante (y demasiado) como experiencia de ciudad muerta.



Cuzco es bellísima. Un poco me recuerda a Udine. Y está llena de iglesias como Roma.
Encontramos otra vez a Andrea y Natascia, dos viajeros encantadores de Castiglione sul Lago (Trasimeno), conocidos en Ollantatambo. Giancarlo nos lleva al más sucio de los restaurantes para comer un pollo criado en Thailandia. Luego fuimos a un boliche donde un grupo canta, y se baila. Es costumbre en America del Sur que apenas la música suena, todos se levantan para bailar. ¡Que lindo! Además Natascia es re linda y muy parecida a Barbara y con un Pisco Sour casi casi soy lindo yo también.



La Bambi es mimada como una muchacha hermosa. Giancarlo cuida los muchos aspectos críticos y ya está adaptado a la vida on the road. Su cara Inca siempre lo atará a sus raíces, fuertes como sus dientes, y hace de todo para ayudar y resolver los problemas. En Puno, confiando en sus patriotas, dejo la Bambi estacionada, con alarma activada, en la plaza central, frente a la Policía. Roban solo su mochila con toda su ropa (¡) y decidimos volver a comprar todo antes de entrar en Bolivia.



Uno de los caminos para cruzar el lago Titicaca es embarcar la Bambi en una balsa. ¿Pero es seguro? No pasa naaada… la respuesta dada con la misma entonación del “fumaaa, boludo!” Además, mientras que emiten la frase, siempre una sonrisa ligera se lleva entre la nariz y la pera. Es una sonrisa que en esos contextos suena siempre como un “chorro”, o por lo menos una ligereza.
En la balsa sopla un viento de mierda y la Bambi oscila como un caballito de madera mientras que pienso cuan boludo soy, estando allí en esta (linda pero fea) aventura!!! Los títulos del día después hubieran sido: El italiano pierde todo en el Titicaca y decide irse a la mierda.



La primera sorpresa de Bolivia es que La Paz es increíblemente hermosa. Lo más rico y lo más pobre están pegados en un contraste embriagante. Todo mezclado en una olla de 1000 metros. La Paz se extiende desde los 3000 a los 4000 snm.: cuando llueve en el centro, encima está nevando y talvez abajo hay sol.





En La Paz, gracias a los precios, me voy al Ritz. Una habitación (con dos camas matrimoniales, pero sin Jacuzzi) sale lo mismo que una pensión en Portogruaro. 1 USD vale 8 Bolivianos, y con 80 bolivianos salgo del supermercado con 5 bolsas llenas. ¿Comemos en la suite, no?



Salimos de La Paz con una factura Iveco: pedí un cheque general que garantiza la Bambi por 3000 kilómetros así que me quedo mas tranquilo para hacerle frente al Paraguay.
Para…guay… ¿Pero que mala onda este País, que el nombre, en italiano, parece decirte que estás buscando problemas?



Cochabamba me asombra aún más que La Paz. Es una ciudad rica, muy bien organizada, limpia. ¿Qué idea me había hecho de Bolivia a Villazon? Allí era solo polvo y comida chatarra (perro caliente, pollo grasiento y mayonesa). Esta ciudad es turística, llena de lugares que aceptan cualquier Tarjeta de Crédito, letreros de bares franceses con crêpes y facturas, restaurantes italianos con pizza y chianti, anticuarios y grandes perfumerías. Incluso un sex-shop.
Me recuerda una ciudad italiana costera, donde la playa es un accesorio de la peatonal invadida de ropa de marca y boliches.



Entre Cochabamba y Santa Cruz el paisaje es un subibaja espectacular, con cambios climáticos rápidos… no era el día justo para ponerse en camino: camiones volcados, incidentes, lluvia torrencial y un trecho de la carretera empedrada y interrumpida, así que hemos parado una buena hora y ensuciado de barro la Bambi.



Santa Cruz de la Sierra es mortal! Es una ciudad casi suiza, con una estructura circular como Milano (único ejemplo resuelto hasta ahora: en las ciudades americanas, todo es concebido en cuadrado y hijo de cuadrados). Un monumento de Mario Botta enriquece el parque; al lado de las extensiones coloniales de la iglesia del arte y estatuas en bronce en las veredas….



Las muchachas hermosas, que parecen no tener nada a que ver con Bolivia …. Pero entonces me acuerdo que América del sur es todo…. y nada, pues… al pelo!



En Santa Cruz hay un río, que cruzamos con la Bambi. Tomamos un baño. Finalmente algo parecido al verano y al mi amado sol.
En Bolivia los policías son amables, casi como en Argentina (a parte la policía de Entre Rios) y las personas más que bien educadas, mientras que las ciudades están llenas de sorpresas. Como viejos mercados cubiertos que abrazan y se confunden en los modernos centros comerciales: una belleza.



¿Quizás exagero, que sé yo? ¡Pero estoy sorprendido a encontrar Bolivia tan diferente de lo que esperaba, pues… boludo yo que esperaba algo!
Sin embargo en la calle se venden reproducciones de CD musicales y de programas.



Para la felicidad de Bill Gates. ¿Divertido, no?



A diferencia de los otros países que tienen generalmente muy buenas autopistas que se vuelven en senderos de guerra apenas entras en la ciudad, en Bolivia las calles de la ciudades son bien hechas y las carreteras entre una ciudad una y la otra, son aproximadas, sin duda.



¿Gracias al tráfico de droga que a Cochabamba y a Santa Cruz se dice sea… sano?
Puede ser. De hecho en todo el país la Bambi nunca fue inspeccionada. Habría podido transportar el obelisco de la 9 de Julio y me habrían dejado pasar. Las únicas paradas han sido las de los peajes en autopista, que definiría medievales: con una cuerda tiesa para parar al tráfico y pagar siempre un boliviano mas (la moneda local, 1/8 de USD) en las manos del policía… de contribución.



Desde Santa Cruz, con informaciones vagas, pero confirmado por los autóctonos, decido cruzar a Paraguay por la frontera de Gral Garay. La Bambi sufre la trocha. Ella se queja con vibraciones y soplos. Me está diciendo que no desea entrar en Paraguay.
El camino es feo, lleno de pozos, piedras y arena.
Pero no deseo escuchar las quejas de una camioneta.



Después de 120 kilómetros en 4 horas, llegamos a los 8 de la noche a una fortaleza militar, en total oscuridad. Los soldados nos reciben con fusiles y lámparas directamente a los ojos. Yo no tengo miedo, pero Giancarlo desearía arrodillarse y rogar. Lo tranquilizo. No son los militares el peligro del Paraguay. De hechos, nos aconsejan muy amablemente no ir más allá, por ese camino. Los próximos 30 kilómetros son feos EN SERIO, y antes, más que un 4x4 ha tenido que llamar un tractor, para salir de los problemas. Estoy siempre mas convencido que la Bambi me está sugiriendo de no entrar a Paraguay. El pensamiento nunca me abandonará por las próximas 48 horas.



Volviendo a Bolivia, podría venir abajo a la frontera tranquila con Argentina, bajar por la provincia de Jujuy en un camino que es un aceite. En Tucumán hay una concesionaria Iveco y mi amigo Humberto Novello (y su re linda madre, que podría cocinar otra vez riquísimas lasañas). Pero soy un racional de mierda y no deseo escuchar à estúpidos signos premonitorios. Dormimos afuera de los cuarteles, en la Bambi: coche y casa, amiga y madre acogedora.



La mañana siguiente regresamos a Bolivia: todavía 4 horas ante que salir de la trocha y bajar a Villamonte. Un pueblo pequeño, ese sí, Boliviano, donde todo el mundo nos informa que pasados los primeros 150 kilómetros de trocha Boliviana, empieza un tranquilo asfalto Paraguayo.



Otro viaje en el polvo. Parece un maldito Safari! Llegamos a la frontera con Paraguay. Llegué a la aduana Paraguaya prácticamente sin frenos.
Tercer aviso de la Bambi. Mas evidente, imposible!! Que pienso que tendría que hacer? Invitarme a tomar un café para discutir sobre este tema? -. Pero yo soy un maldito, jodido racional y no me paro. Dicen que en 10 kilómetros hay un mecánico que la puede arreglar. Era verdad.



Trabaja una hora y hace lo que puede…. Corta un cañito de los frenos aislando el tubo…. con un clavo…. en cualquiera dirección me vaya estoy a 200 kilómetros de la civilización así que aguanto. Reanudo despacio: no puedo frenar…manejo despacio… en un rato la carretera será asfaltada. Pero la carretera se queda una trocha (que la parió). Y todavía peor del lado Boliviano: están construyendo la nueva carretera y el camino es un continuo desvío: baja y sube, a la derecha, a la izquierda, entre piedras, tierra y arenales.
Y tampoco es arena. Es un talco finísimo que esconde trampas.
Para decir todo, estoy en pleno recorrido del Rally del Chaco. Lo que mató al Camel Trophy, si me entiendes.
No cruzan autos. Adelanto un camión porque me impide de ver la ruta.
En este marco ideal que, a las 4 de la tarde, a los 600 kilómetros de Santa Cruz y 700 kilómetros hasta Asunción, encuentro un talcal. El talcal es un pozo recubierto de una masa fina de la putísima arena. El choque es terrible. Abajo con las llantas que chocan la roja y pues se doblan contra la chapa.
Pues arriba, por suerte afuera del pozo, en una parte pareja. Al interior cae todo. Muebles, libros, heladera, y todo se cubre de talco. Los cinturones sirven. Giancarlo y yo estamos bien. Pero la Bambi está chueca. Un verdadero accidente, ni hablar. Con Giancarlo tratamos de evaluar el daño. Pero al toque me di cuenta que esta vez no zafaba. Bambi, no te escuché. Ya el viaje se acabó. La tristeza se mezcla con la rabia por haber sido tan estúpido: un recorrido desconocido, difícil, lleno de obstáculos, tiene que tomar su tiempo, a los 10 horarios….aunque la Bambi sea un furgón militar.
Y ahora? Que puedo hacer? No tengo teléfono satelital… en este momento tampoco sé exactamente donde me encuentro….
Pero sé que voy a gastar un montón de plata.



Pasan 10 minutos y nos alcanza el camión que recién adelantamos. No puede remolcar la Bambi. La única opción es dejar a Giancarlo con la Bambi, para irme al pueblo mas cercano y conseguir una grúa en Asunción, pienso….pero que me va a pasar, ahora. Me despido con Giancarlo que cuidará “mi vida on the road”…. Por lo menos una noche en ese desierto sofocante.
Pero el estará con la Bambi!




Para salir de esa pesadilla viajo todavía 70 kilómetros con este enorme y bendito acoplado, con el camionero echado sobre el timón, que sigue tomando cervezas de una lata. Los 70 kilómetros cubiertos en 4 horas, mas o menos. Es el fin de todo, pienso. Y si no es el fin, es algo muy parecido. Llegamos a la carretera asfaltada y a los 120 kilómetros de Mariscal Estigarribia… el lugar del renacimiento.
Pero al camión tiene un accidente, y debe pararse. Lastima! Esperaba conseguir un teléfono antes del cierre. Esperanza perdida. Pero viene un auto. Con mucho riesgo, me paro en el medio del carril, brazos arriba, pidiendo auxilio. El auto se detiene, y tres amables caballeros me invitan fríamente a subir. En el asiento trasero está el mas joven de los tres, y al costado tres fusiles. Yo abrazo mi mochila con el notebook, el dinero y los pocos efectos personales.



Este sí, es el fin. Estoy a 120 kilómetros de la nada, en un rato será de noche y no sé ni de donde vengo, ni adonde voy, ni – y este es el tema – con quien estoy…





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